Cartografía de mis caderas / Inés Boza

Fotografies: Alfred Mauve


(Artículo publicado en la revista editada por el Mercat de les Flors, “Reflexions entorn a la dansa”. Novembre 2010)

Vino a hacer una entrevista sobre la trayectoria de 17 años de la compañía. Preguntó por los referentes, objetivos, mitos, hitos, ritos… Hubo que echar mano de la memoria porque aunque hay unas líneas esenciales que marcan el camino, cada periodo de la vida es diferente. Una vez que encuentro algo paso a otra cosa, una nueva pregunta, una nueva necesidad, una nueva curiosidad. Aparece la extraña certeza de haber vivido varias vidas en ésta.

En esa conversación recordé, redescubrí la pasión por el conocimiento de la danza que me llevó con 20 años a intentar entender porque las caderas no se mueven en la danza occidental, ni en la culta ni en la tradicional. Y de ahí surgió la idea de recuperar un viaje de juventud que pasa por la barra de clásico de un Conservatorio, las cuevas de Granada, las montañas de Navarra y los bailaderos de El Cairo.

28 de junio, 2009 (Rouen, Francia)

Esta especie de cuaderno de bitácora de un viaje que realicé en una de las vidas que ya he vivido en ésta, está construido con las notas sacadas de los cuadernos que siempre me acompañan. Es la cartografía de una búsqueda, de una necesidad vital de entender, de relacionar la danza de la gente, la danza popular, viva, esencial y la danza en el escenario.

La cartografía de un viaje de juventud que cuestiona el academicismo de los templos del saber.

La cartografía de mis caderas.

De las caderas de una niña que bailaba para las «solteronas» de su ciudad, en las verbenas, en la cocina de su casa, y que el día que entró en el conservatorio le dijeron que no podía moverlas, que para levantar la pierna, las caderas fijas, que estaba prohibido bailar salsa.

El flamenco: sus oscuras raíces

«Por los espejos sollozan bailarinas sin caderas», F. G. Lorca

Leo en el libro   Sombra y luces del Flamenco , de J. M. Caballero Bonald:

«Cuando se intenta remontar la trayectoria biográfica del flamenco, aparecen siempre dos obstáculos insalvables: sus inciertos orígenes y lapoca definida orientación de sus ciclos de desarrollo […]
»Es una de las manifestaciones de la música popular –no ya de España, sino de todo el occidente europeo- más claramente vinculadas a la supervivencia de ciertas antiguas formas de cultura, y a la vez más reacias a dejarse analizar […]

»El flamenco tuvo que irse desarrollando prácticamente en la clandestinidad, sin que se produjeran más que algunas furtivas y esporádicas salidas al exterior […]

»Hasta cierto punto esa recóndita forja del flamenco concuerda de lo más bien con la vida oculta, con la marginación de los expresos grupos de tránsfugas- gitanos y moriscos- que serían los encargados de refundirlo y transmitirlo a la posteridad. […]

»Su mismo presunto carácter de rito, obediente al código secreto de esas comunidades raciales, le iría vedando su proyección pública […]

»En el terreno del baile, el carácter comunicativo del flamenco, su cabalístico lenguaje a través del gesto y las manos, conserva una manifiesta analogía con las danzas sagradas hindúes.»

1987, Granada

En las clases de ballet yo no bailo.

¡Aprieta, aprieta, métete en los pantalones de tu hermano pequeño! Me decía

Concha en el Conservatorio de Pamplona

Yo siempre he bailado, bailaba en todos los lados, especialmente en las fiestas populares y verbenas.

Con Nazareth Panadero empiezo a bailar «el alma», porque respira cada movimiento, pero la pauta para la barra de clásico es: «Inés prohibido bailar salsa. Las caderas».

En el baile profesional en occidente está prohibido mover las caderas. Cuanto más escayolada y rígida tengas la pelvis, más levantas la pierna.

Cuevas del Sacromonte

Me voy a bailar flamenco en las cuevas del Sacromonte.

En Granada las gitanas bailan, pero no dan clases de danza, no saben o no quieren enseñar lo que han aprendido como quien aprende a hablar o a andar.

Hay algunas clases «académicas» y dos profes en el Sacromonte. La Presci, una mujer americana de origen Cheroki que vive en la parte alta. Muy flaca, muy morena, con unas gafas de sol enormes, y el pelo negro negro recogido en una cola de caballo. Habla gitano con acento americano. Son clases para iniciados. Voy a verlas.

—A ver esos shoshos! Pegaos a la tierra! Abiertas, esas caderas abiertas, es que sois vírgenes o qué?

Y una japonesa muy chiquitilla, Eyko que tiene alquilada una cueva muy chiquitilla pá ensayar y dar clases. Tomo clases con ella.

—Los blazos como palomas.

Y a mi me dan las manos en el techo de la cueva y los encojo como «patitos».

El tamaño sí es importante en la danza. En el conservatorio querían que me metiera en los pantalones de mi hermano pequeño, en la cueva mis brazos son demasiado largos. ¿Mi cuerpo es demasiado grande y alto?

Un gitano en el Monte le dice a otro, el niño tiene talento. No lo lleves a una escuela, que lo estropean.

Me interesa el movimiento de las caderas que esta negado en las danzas folklóricas y en los escenarios de Despeñaperros para arriba. ¿Por qué sucede?

Los Zanpantzars de Ituren y Zubieta una tradición del Carnaval,

En un artículo publicado en el   Diario de Navarra   del 7 de febrero de 1993,

Gabriel Imbuluzqueta escribe:

«Uno de los secretos mejor guardados –tan guardado que nadie lo conoce– del carnaval de Ituren y Zubieta es su origen y su significado. Hay quien coloca su nacimiento en tiempos antes de Cristo y quien busca, posiblemente con razón, sus raíces en creencias y simbologías paganas. Hay quienes explican el sonar de sus cencerros basándose en la teoría de ahuyentar a los lobos, y el agitar de las crines de caballo de los   isopos   en la defensa frente a brujas y malos espíritus.

»Quizá sea esto algo que todavía pervive en lo más profundo del subconsciente de las actuales generaciones de   ioaldunak   y el intenso, a la par que acompasado, sonido de los cencerros llega a romper las fronteras entre lo real y lo ficticio hasta el punto de trasladar el ser de cada uno a tiempos pretéritos.»

Sin fecha (en un autobús cruzando la Mancha)

Miro por la ventana. El paisaje se mueve ante mis ojos detrás del cristal. De pronto lo veo claro. El rito de los zampantzars es una antigua danza pagana, que se ha conservado enmascarada dentro del rito del carnaval!

Movimiento pélvico, percusión, ritmo binario, sonido monocorde, antiguo ritual colectivo que como muchas danzas buscan el éxtasis o la transformación del estado cotidiano en uno energético y espiritual.

Los zampantzar son hombres rudos vestidos con enaguas de mujer, que hacen sonar con movimientos rítmicos de pelvis, unos enormes cencerros de latón atados a sus riñones. Van en línea en formación de a dos, y hacen pequeñas coreografías cambiando la formación, la dirección o el ritmo, nunca el paso. Una extraña e irreal comitiva. Una danza de «trance»,

Son danzas que no tienen nada que ver con las danzas folklóricas que son de uso en esas tierras.

¡¡Existe una danza en que se mueve la pelvis más arriba de Despeñaperros!!

1990, Barcelona

La revelación de que esa antigua tradición con la que yo estaba familiarizada era una antigua danza pagana me trajo la necesidad de conocerla, de practicarla, y la idea de realizar un vídeo. Descontextualizarla, separarla de la tradición popular y partiendo del mismo movimiento recrearlo con mujeres.

Escribo en el proyecto:

Ocho mujeres, mujeres de hoy, inician con sus cencerros a la espalda el viaje a través de las montañas. Sé que dejan algo tras de sí, que viajan quizás sin retorno. Es un viaje hacia delante, quizás un viaje hacia la muerte, quizás hacia la libertad. Es un viaje interior hacia no sé donde. Quizás simplemente el viaje de pérdida, trascendencia y placer que supone la danza. Es un viaje físico a través de la embriaguez.

¿Una danza de trance? Vamos a ver.

Verano 1990 (montañas de Navarra)

Zubieta

En casa de Mikel, el taxista del pueblo amigo de Luis. Me invita a pasar unos días en su casa cuando le explico mi idea de hacer un vídeo si realmente la visión que tengo es correcta. Me ayudará a intentar que me enseñen, que me dejen probar los cencerros.

Tarea ardua pues cuenta que en Ituren, el pueblo de al lado, hace un par de años, salieron dos chicas del pueblo en la «comitiva» por carnaval y, en desacuerdo, suspendieron la fiesta.

Los cencerros son algo precioso y singular que sólo hace un artesano en la parte francesa y que están guardados en los desvanes. En silencio.

Él me habla de que eso es Euskadi tropical, y de que están muy contentos en el pueblo, de 300 habitantes, porque ha nacido un niño… el pueblo no va a morir. Algunos jóvenes vuelven.

—Para que puedas probarte los cencerros tienes que hablar con los que los tienen. Los del mesón tienen y salen en carnaval. Pero es algo bastante sagrado, intocable, que pasa de padres a hijos.

Por la noche me siento en el mesón. Todos hablan euskera, así que Mikel me introduce con delicadeza.

No se sabe si accederán o no, así que me siento en el banco de piedra que da a la plaza y miro la gente, y miro la luna. Estoy. Espero. Son hombres rudos, tímidos.

Esta noche, cuando todos se han ido y los del mesón estaban bien servidos de vino, el hijo ha accedido. Ha subido las escaleras que llevan a la casa que está encima del bar, y ha bajado con dos pares de cencerros (¡enormes!), las sogas y las pieles de oveja. Los pone sobre la mesa de madera y procede a ponérmelos. Primero la piel alrededor de la cintura, y luego la soga a la que ata los cencerros. Apoya el pie en la columna de madera que hay en medio del local para tensar la cuerda a tope alrededor de mi cintura. Yo pienso en todas mis antepasadas con corsés y me digo: -Aguanta, Inés, aguanta!.

El está sorprendido del pedazo de cuerda que le sobra por lo estrecho de mi cintura, ellos tienen unas barrigas imponentes.

Los cencerros tienen que ir muy bien sujetos para que el golpe del badajo suene limpio. Se mueve la pelvis de delante atrás y percuten las campanas. Ok, no es tan difícil. Es movimiento pélvico y ritmo binario.

¡Siempre había pensado que era una tradición ruda, una cuestión de fuerza!

Salimos con aquello puesto, él empieza a moverse y a percutir los cencerros. Le sigo por las callejuelas del pueblo, es oscura la noche. Ese silencio del valle. Suenan los metales… Impresiona.

Es un sonido animal, un sonido primitivo, remoto. Te transporta a algo olvidado, salvaje…

Entre los caseríos, por los caminos. La respiración y el metal. Nunca la palabra ancestral había tenido tanto sentido. Si el golpe no es preciso, si los cencerros no van acordes, se enturbia la noche. A veces no es fácil mantener el paso y el movimiento por las pendientes y los escalones. Bien. El mesonero está sorprendido. Le he acompañado bien y me ofrece su confianza.

En esos días en el valle observo que los escudos de piedra de casi todos los caseríos tienen una sirena. Una talla de piedra muy elemental casi infantil, que lleva en una mano un espejo y en la otra un peine.

(Vera de Bidasoa- Casa de los Baroja)

Don Julio Caro Baroja me recibe en su casa de Vera. Es muy amable. El es una eminencia. Historiador, etnólogo y antropólogo, Yo había leído su tratado sobre etnología navarra, que es ameno y erudito. Le pregunto si no cree que los zampantzars enmascaran una antigua danza pagana.

Él no sale de su conocida teoría de que «la forma   zampantzartak   es romance, o mejor, francesa: se relaciona con el nombre del clásico personaje carnavalesco medieval Saint Pansart».

¿Y las sirenas, que están presentes en casi todos los escudos de armas que presiden las fachadas de los caseríos en el valle? ¿Que significan? Se las otorgó el rey… (no me acuerdo) al Señor de Bertiz por mediar con éxito en un grave conflicto. Simbolizan la diplomacia.

¿Cómo no relacionar el que en un pequeño valle entre montañas, se encuentren la única danza en que se mueven las caderas, con el símbolo de la mujer pez que no las tiene?

Salí de la entrevista convencida de la limitación de los historiadores y científicos que necesitan pruebas escritas para demostrar sus intuiciones.

Barcelona, 1991

Escribo el proyecto del vídeo danza. La noche en que dibujaba las ideas para la realización, muere mi padre.

Con la complicidad de las dos chicas de Ituren que un día se atrevieron a romper la tradición, la generosa y valiente colaboración de dos jóvenes Ioaldunak-Zampantzars de Zubieta, un cámara de EuskalTelevista y unos buenos amigos conocedores de esos intricados paisajes, grabamos el vídeo en los bosques de Navarra con ocho singulares mujeres.

El vídeo se presentó en 1991 en la Muestra de video-danza de Barcelona

La Danza del Vientre

«La danza del futuro es la danza del pasado», Isadora Duncan

En un artículo publicado en el diario El País, J. Valenzuela escribe lo siguiente sobre la danza oriental:

«Su origen se sitúa en la India en el tiempo inmemorial en que la humanidad rendía culto a los movimientos circulares de los astros. Siguiendo la ruta de la seda, el sagrado baile viajó hacia occidente en las caravanas de los ghawazees, los gitanos de la India. Practicado en los templos y ciudades fenicias y mesopotámicas, encontró en el Egipto de los faraones una tierra de promisión que ya nunca abandonaría.
»El triunfo del judaísmo, el cristianismo y el Islam diabolizó el viejo rito. Las misóginas religiones monoteístas convirtieron en prostitutas a las mujeres que la practicaban y en numerosas ocasiones dirigentes ebrios de puritanismo laico o religioso han querido enterrarlo para siempre.
»Pero las mujeres, algunas combativas mujeres árabes, han resistido a las tarascadas del desprecio y la persecución.»

Barcelona 1992

Pido una beca para estudiar la danza del vientre en Egipto. Me la conceden. Me voy a El Cairo, sin saber si encontraré a esa profesora casi legendaria, a la que no puedo contactar desde aquí por teléfono.

[Nota posterior: No había internet. Lo ví allí por primera vez, en la casa de un profesor de la Universidad Americana del Cairo, en la que me alojaba]

Julio 1993 (El Cairo)

Apareció en la puerta con su bata de guatiné cubriendo la malla de aeróbic que llevaba puesta debajo.

Ráya Hassan es la coreógrafa más reputada de El Cairo, enseña y monta coreografías para las bailarinas estrella que bailan en los grandes hoteles de la ciudad, el Sheraton, el Hilton…

Da las clases en el salón de su apartamento de Dokki, en la alfombra entre el sofá y la estantería con las figuritas de porcelana y la televisión. Su perro y su niña Maí, andan por ahí. Dice que mi nombre es egipcio. Se extraña de que no tenga malla de lycra. Yo llevo unos pantalones de algodón anchos y un mantón negro que utilizo para todo. En las mezquitas me lo pongo en la cabeza, en los hoteles en los hombros y en las clases de baile en la cadera. Tiene flecos y se mueve bien, lo acepta.

—Española, tienes que comer!

Es verdad que estoy delgada. Desde que llegue al Cairo como poco por la impresión de esa enorme ciudad musulmana y el miedo a comer algo que me descomponga la barriga. Tengo el ombligo pegado a la columna…La vibración del movimiento no se refleja en mi vientre flaco como en el cuerpo de esas bailarinas con enormes pechos, barrigas vibrantes y caderas y nalgas redondas.

Que le vamos a hacer!

Las   hips , las caderas se mueven hacia arriba y hacia abajo, no es la redondez de la salsa.

El   shimi   la vibración, no empieza en las caderas ni en la pelvis. El   shimi   nace en la relajación y vibración de las rodillas. Lo que se ve es la vibración de la pelvis, del vientre, de los pechos, pero el movimiento, el autentico movimiento empieza en las rodillas, «lo demás es falso», dice Raya.

Pienso en todos los bailarines de contemporáneo y clásico, siempre lesionados y operados de las rodillas por culpa de la rigidez de unas articulaciones que están hechas para dar aire, para posibilitar el movimiento.

Me da en un cassete una música sobre la que vamos montando el baile. Voy a su casa tres días a la semana y los demás bailo, practico con mi walkman y mi cassete atados a la cintura. A pesar de mi ausencia de tetas y barriga, mi profe está contenta conmigo.

(Hotel Hilton, el Cairo)

Familias ricas de Oriente Medio, jeques árabes con sus familias vienen desde sus países para celebrar, y festejar. Cenan y como colofón de la noche siguen, aplauden y veneran a la bailarina. Su devoción tiene algo de antigua mistificación.

Los niños, las abuelas, las mujeres con sus cabezas cubiertas por pañuelos y velos siguen la danza y la música de la orquesta clásica dando palmas con las falanges de los dedos.

Su devoción y respeto contrastan con idea de danza sensual, de cabareth, que se tiene en occidente. El movimiento de la carne… Es una contradicción con el tratamiento actual que la cultura musulmana da a la mujer.

«La sociedad musulmana está regida por estrictas normas morales, que hacen que los hombre y las mujeres vivan en mundos completamente separados. Alejadas estas, exceptuando a algunas mujeres de clases adineradas y occidentalizadas, de toda vida social, ocultas tras velos de tela y de silencio, las mujeres viven en círculos íntimos y familiares, donde alejadas de las miradas practican entre ellas la danza en la que encuentran el medio para expresarse, para disfrutar, para afirmarse.»

No hay una boda, un bautizo, ni una fiesta que se precie sin una bailarina de danza del vientre, y sin embargo las clases son clandestinas, y las mujeres en público van tapadas… No entiendo nada.

Las cosas esenciales, ancestrales, a las que esta ligado un pueblo, una cultura, perviven, encuentran caminos para subsistir. Están ligadas al corazón de la gente.

(Dokki, Cairo)

En el salón de casa de Ráya, encuentro a Nelly, viene a tomar clases y Ráya le monta las coreografías. Nelly es francesa. Se hace llamar Aiza y baila los fines de semana en el Sheraton de Alejandría. Ella aprendió y empezó a bailar en Líbano. Se vino al Cairo para aprender con Raya. Hemos conectado. Habla francés. Con Raya a veces no estoy segura de entenderla con su mínimo inglés.

Me cuenta Nelly que su   shimi , su vibración de la pierna izquierda, no es buena, no es perfecta. Sufre por ello y trabaja duro. También sufre porque su pelo es ralo, no tiene una mata espectacular. Me invita a ir con ella a Alejandría un fin de semana

(Hotel Sheraton, Alejandría)

Hoy he entendido la trascendencia que esta danza casi clandestina, tiene para ellos. Veía bailar a Nelly, Aiza, cuando un jeque, un príncipe…un personaje «importante», le ha pedido que interprete para él un tipo de danza «….» que sería el equivalente a una soleá en flamenco. Una danza de vibrato reposado, casi místico, del vientre, no de las caderas.

Aiza baila muy bien, es la estrella, la guinda del programa. Baila con una orquesta de diez músicos. Aiza se pone un postizo para bailar. Yo lo veo y no me atrevo a decirle que se nota, que es falso, que la grandeza está en aceptarse como se es, aunque no sigas el canon impuesto. Me da mucha ternura, siempre juntas las miserias y la belleza.

Nota: No tengo ni una sola foto de esa estancia de dos meses. No llevé la cámara.

Septiembre 2009, Barcelona

Releyendo estas notas, esta cartografía de mis caderas veo que curiosamente siendo un viaje de juventud, es un viaje por las antiguas formas de la danza. Podía haberme ido a Nueva York y me fui por las cuevas, las montañas y los desiertos de la vieja cuenca mediterránea.

En caló, en euskera, en alemán, en catalán, en árabe, en inglés, en francés. Cuando el ser humano baila, las fronteras de la Torre de Babel caen. La conexión es automática, profunda, esencial.

Volviendo a la pregunta que me hice con 20 años ¿Porqué no se mueven las caderas y la pelvis en la danza culta occidental e incluso en la tradicional? Ahora veo, que la danza occidental culta está totalmente marcada por el ballet clásico, romántico, que construyó una mujer libélula, mujer mariposa , mujer etérea y niña, a la que despojó de sus caderas, de su vientre que pare, de sus pechos que amamantan, de su conexión con la tierra. En el mundo judeo- cristiano en que vivimos el cuerpo y el sexo se asoció al mal, y sólo pudo salir a la luz en forma de ángeles asexuados. De alguna manera la consagración de la primavera de Bausch hizo de eslabón entre la tierra y el cielo, le devolvió a la danza académica su conexión con la tierra y a la mujer su fuerza ancestral.

Y ahora estamos reconstruyéndonos Creo que siempre he ido buscando una danza viva. Me obsesiona que la danza esté viva en el escenario, porque en la calle siempre lo está.

La destilación artística contemporánea no se puede hacer desde el olvido, ni desde el ensimismamiento, ni desde modelos ajenos. De dentro afuera, de atrás adelante Y aunque lo que cuenta es el presente, me gusta imaginar y dibujar los mapas que unen el pasado y el futuro.