Entrevista a Juan Margallo / Armando Dorrego

Fotografies: A.D. y el camarero del Pryce


 

Juan Margallo (Cáceres, 1940), es un icono viviente de nuestro mejor teatro independiente y un pionero de la escena española. Este hombre, curtido en mil batallas, llegó a Madrid procedente de su Extremadura natal para hacer del arte de contar una estrategia contra el poder, contra el sistema. Se la jugó y ganó. Ganó una vida plena, reconocida y vital. Vencedor de mil batallas, incluso las que perdió y que hoy en día sigue siendo un referente en el teatro nacional.

Ganador de dos MAX por su trabajo como actor, fue galardonado con la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. Fundador entre otras cosas de las míticas compañías Tábano, El Gallo Vallecano, El Buho y Uroc Teatro, fue también director del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz durante seis años. En sus comienzos trabajó bajo las órdenes de José Luis Alonso, Miguel Narros, Luis Escobar, José Tamayo entre otros y fue discípulo de William Layton. Ha hecho cine (más de veinte películas), TV, montajes teatrales de todo tipo, “Happenings”… Pero su mejor premio se lo dio la vida, con la que apostó siempre por hacer lo que le daba la gana (o casi siempre), aunque al poder o a la censura no les gustara lo que hacía. Casado con la también excelente actriz Petra Martínez, son un ejemplo de esas parejas de las que hay pocas y cuando trabajan juntos, como en la reciente obra del propio Margallo, “Chimpon”, que hicieron este mismo año en el teatro Valle Inclán de Madrid, los talentos se disparan y las complicidades se aúnan para dar lo mejor del teatro en estado puro. Hoy en día, es un privilegio para todos que siga en activo y dando fruto de su conocimiento, su saber hacer, su gracia y su talento.

Nos conocemos desde hace tiempo y antes que nada, ya le advertí (él ya lo sabía), que yo no era periodista, pero que quería entrevistarle para la Conxinxina -¿Y eso que es…?-. Le explique un poco por encima lo que es este grupo de locatis por la cultura y su respuesta fue que me invitaba a desayunar y que si quería charlar, charlaríamos un rato, pero como dos amigos. Todo un privilegio, de este hombre de 75 años ya, que no para de trabajar y que siempre anda ocupado de acá para allá, con colaboraciones, montajes propios, escribiendo textos, viajando por todo el mundo… Así que me fui a verle y desayunamos y charlamos juntos, como estaba prometido.

Nos vemos en la cafetería Pryce de Madrid, cerca de la glorieta de Pirámides, junto al campo del “Atleti”, barrio de Juan Margallo. Te con limón para mi y “con leche” y tostadas con tomate para Juan. Una mesa circular en un rincón de la cafetería y un ambiente de desayunos y clientes habituales en una fresquita mañana de noviembre madrileño.

Armando Dorrego - Hay muchísima gente que te conoce, porque tu talento se manifiesta desde hace muchos años. Prácticamente, desde tus comienzos, has estado en la vanguardia del mejor teatro que se hace en España, pero a mi me gustaría saber cómo estas a día de hoy, como es Juan Margallo hoy…

Juan Margallo. – A veces es difícil saber cómo está uno en el día a día. Falta perspectiva para verse en el momento… Antes era muy crítico y muy radical con mis opiniones sobre el teatro. Tengo que recordar a un maestro que tuve, el americano William Layton que cuando iba a un ensayo y le invitábamos , él decía “¿Cuántos días quedan…?, ya que no era lo mismo si el estreno era al día siguiente o quedaba un mes. Porque él lo que decía era que lo importante era hablar sobre aquello que tenía arreglo, que valiera para algo. Cuando nos ponemos muy críticos (o me ponía crítico en aquella época), era como para demostrar que yo sabía más que nadie y que tenía muchos conocimientos de teatro. Pero el acto de humildad verdadero es pensar que no soy yo el que se tiene que lucir, si no que son ellos. Es decir, ver en que puedo ayudar para que las cosas salgan mejor… En ese sentido creo que he cambiado. O sea, yo no voy ahora a ningún estreno a decirle al actor o al director “vaya mierda”. A mis amigos, si no quieren oír, no les digo nada. Y si me preguntan y quiere conocer mi opinión, quedo con quien sea unos días después y hablamos largamente para ver en que puedo ayudar o mejorar… En ese sentido creo que he cambiado un poco de esa radicalidad un poco absurda.

AD - Como es Juan Margallo de verdad ¿Hay muchos Juan Margallo…?

JM – Claro que sí. Uno tiene una tendencia a ser o mostrarse de una manera determinada. Pero cuando estudiamos el teatro, te das cuenta que todos tenemos “de todo” dentro. Por ejemplo, cuando estudias un papel de un asesino, tú no has matado nunca a nadie, pero cuando estudias a fondo el papel, puedes acabar comprendiendo y sintiéndote como ese asesino. Ahí ves que en realidad y aunque sea en potencia, un hombre puede ser cualquier cosa, lo llevamos todo dentro…

AD – Hablemos de otra cosa. Porque te decidiste a hacer teatro ¿fue vocacional o como tantas cosas de la vida, fue una casualidad?

JM – Yo entré en el teatro por golfante y además por casualidad. Yo era muy mal estudiante Tuve que presentarme cuatro veces a reválida de cuarto. Con 15 años, mi padre me metió en el ejército, como educando de banda, pero el mundo castrense no era lo mío. Luego mi padre me convenció que podía estudiar y volví a los estudios, aunque seguí a empujones. Me escapaba del colegio, no iba, Mas tarde conocí a un ilusionista que se hacía llamar Carneopol Tercero ( cara de pillo ). No me enseñó nada, pero empecé a actuar con él de “partener”. Seguí con mis aventuras. Me escapé de casa dos veces... Era culo de mal asiento. Empecé a imitar a Gila y después seguí haciendo juegos de manos yo sólo. De hecho , todavía hago juegos muy buenos. Me llamaba “El Profesor Marcus” ( risas ). Y esos fueron mis comienzos. Actuaba en fiestas benéficas, sin cobrar, por supuesto, y a partir de ahí empecé a hacer obras de teatro con lo único que había entonces, que eran Acción Católica y la Falange, porque eran los únicos que tenían sitios para jugar al ping-pon, al billar… Al poco tiempo, formamos un grupo de teatro. La primera obra que hice se llamaba “Militares de Paisano”. Después de suspenderme cinco veces en reválida de sexto, logré entrar en la Escuela de Peritos Industriales de Béjar. Como somos nueve hermanos, mi padre pidió el traslado a Madrid porque no podíamos estudiar todos los hermanos en Bejar, pero en cuanto llegué a Madrid, dejé la escuela de Peritos y me fui a la Escuela de Arte Dramático. Mi padre se enfadó muchísimo conmigo y estuvo sin hablarme durante muchos años. Es más, no fue nunca a verme al teatro hasta Castañuela 70 y ni siquiera estoy seguro de que fuera, porque creo que fue de incognito. Me presenté a los exámenes en la Escuela de Arte Dramático pero no me calificaron porque como tenía mucho acento extremeño, no pronunciaba bien las eses y alguien del tribunal me dijo “No es que lo hayas hecho mal, es que no te hemos entendido nada…” ( muchas risas ) Aunque mis inicios en el teatro “de verdad” fueron “por pesao” ( mas risas ).

Pedían un acordeonista y yo iba. Yo tocaba la guitarra y aunque pedían acordeonistas, yo me presentaba… Pedían un malabarista, yo iba.- ¿Usted sabe hacer malabares? No, no sé, pero sé hacer juegos de manos… - Así que tampoco me cogían. Total, que cuando José Luis Alonso, que era el director del María Guerrero, fue al teatro, me conoció y me dijo “- ¿Tú eres aquel pesao que se presentaba a todo…? - Si, soy yo” Y ahí, me cogió. Me dio un papelito en una obra con dos frases y ahí empecé yo ( cara de nostalgia divertida )

Volviendo a tu pregunta, efectivamente, las cosas más importantes de la vida, te vienen por casualidad. Yo estoy aquí, porque la vida aquí me ha traído sin saber muy bien cómo y eso hace que te plantees que no se puede estar seguro de nada. Ahora,me gustaría aumentar una cosa a la casualidad. Yo cuando tenía 15 años, me compré un libro que se llamaba “Como tener novia en 10 días”. Y recuerdo el primer consejo que daba, que parece muy tonto, pero que es importante y a veces se nos olvida. Decía “Para tener novia, lo primero que hay que hacer es buscarla”. Parece obvio, pero hay gente que quiere tener novia y no la busca… Así que a la casualidad hay que aumentarle el querer una cosa de verdad y poner los medios para que algo ocurra… Porque si no, a casa no te van a venir a buscar…

AD - ¿Es el artista el que debe descubrir estas cosas…?

JM - Claro que si. Ahora bien, si no hay un público, su trabajo no vale para nada… Si haces tu trabajo en el desierto, poco sentido tiene… Por un lado, está el artista como creador y comunicador fundamental, pero también es necesario el público. Para eso es preciso que en el país se den las circunstancias para que la gente pueda ir al teatro, a ver una obra de arte o lo que sea. Ahí juega un papel importante la política. Tienen que haber sitios para poner en comunicación al artista con el público…

AD – Hablando de otra cosa… ¿Cuál crees que es la vinculación entre Artes Escénicas y Artes Plásticas?

JM- Esta vinculación es muy variada… En un monólogo, donde un actor puede hacer su representación con una simple bombilla, hasta obras en las que la pintura tiene una gran importancia. Hubo momentos en el teatro en que todo eran telones de fondo, decorados, ambientación… y en esa época, esto tuvo una gran influencia en el teatro… Otra aportación de las Artes Plásticas es lo que en teatro llamamos “atrezo”. Una mesa, una silla, una escalera, unas paredes con diferentes volúmenes… El teatro colabora mucho con pintores, por ejemplo, yo concretamente trabajo mucho con “El Roto”. Al principio todo esto era más complicado porque teníamos que ir a sitios donde no teníamos muy buenas condiciones… Por lo que a veces para tener un simple telón, tienes que encargar “un peine” del que se pueda colgar algo y a veces eso tan básico no se podía. Te hablo incluso de los tiempos de “Tábano”, ya que no teníamos estas posibilidades que hay hoy en día. Con Tábano, teníamos que ir a un centro cultural pequeño, a otro grande, unos tenían para colgar, otros no… Pero si se puede aprovechar, la pintura, las artes plásticas, son fundamentales para el teatro, es ideal poder mezclarlo todo…

AD - ¿Has hecho teatro en la calle?

JM – Si, claro, bastante… De manera independiente o con el Gallo Vallecano, por ejemplo. En los años 60 y 70… En una ocasión hicimos una obra que se llamaba “El Retablillo de Don Cristóbal” y la primera parte era de circo. Yo por fin, había aprendido a hacer juegos malabares y el que hacía de malabarista se puso enfermo y me quedé yo haciendo el papel… Con Petra hacíamos “Zorrita Wonderful“. Era un zorro de esos que se ponen de adorno por el cuello. Ella se movía y hacía que era como una domadora. La gente se reía mucho… La hacíamos saltar a través de un aro, subir peldaño a peldaño una escalera… Decía yo un texto muy bonito “En nuestra pista de maravillosos colores, venida expresamente desde las peligrosas selvas amazónicas la sensacional y surrealista domadora de animales salvajes, Pepita Wonderful que con su tilde de zorra amaestrada nos deleitará con su bonito y delicado número de penetración y adiestramiento”. Eso lo hemos hecho muchas veces en la calle. ( sonrisa nostálgica ) También hicimos una cosa que se llamaba “El Pasagallo”, que era una cosa muy bonita. Hicimos también cinco obras para niños que eran muy especiales, con cinco escenarios diferentes que al final se reunían. Había uno que se llamaba “Salvad a las ballenas”, otra “La fiesta de los varones” Era impresionante, pero no se ha vuelto a hacer porque era muy caro y nosotros lo hacíamos a costa de no cobrar. Éramos muchos actores y técnicos y lo hacíamos en El Retiro pero hacían falta muchos medios y mucho espacio. Era como una aventura. Los niños tenían que descubrir claves, pistas, mapas… Ahí encontraban a un ciego que les decía que tenían que cerrar los ojos para oír una campanilla Al final se encontraban en “Nortumbría”, donde estaba el genio y aparecía el Caballero Negro que era el culpable de la guerra y todo era para que se acabara con la guerra… ( cuenta la historia moviendo las manos ampulosamente )

AD – Es difícil el teatro Impro, yo estuve haciéndolo más de un año…

JM – Si, es muy difícil. Pero cuanto más difícil, mejor. Porque hay veces que dices ¿y ahora por donde salgo…?

AD – Si, claro, cuanto más difícil, también puede resultar más divertido… ¿Crees que al artista tiene la obligación de buscar una expresión distintas, de buscar algo diferente de lo que se ha hecho hasta el momento…? ¿O debe ser muy respetuoso con la tradición ortodoxa?

JM – Es imposible ignorar lo que hay y lo que ha habido antes, pero lo que hay que hacer es aportar un aire personal a “la cosa”. Aunque realmente no se parte nunca de cero. Y eso vale para todo, para cualquier artista. Todos tenemos influencias por lo que resulta prácticamente imposible hacer algo que sea personal pero sin influencias de nadie. Puede haber gente tan genial como Picasso que puede inventar cosas, pero también hay gente que es más “artesana” y que puede ser muy interesante también… Ahora el deseo está siempre con aquello que decimos que el arte es un punto de vista “particular” y de ahí surge el estilo.

AD – Tú crees que el Arte tiene de algún modo que espolear el futuro, despertar las cosas que están un poco oscuras

JM – Todo aquello que iluminas con lo que has aprendido, te vale luego para vivir. En la obra que nosotros hacemos (Chimpon) te sitúa en un espacio algo difuso un poco antes de morir. Parece que habla de la muerte, pero no, en realidad habla de la Vida. Que te ayude a vivir mejor, el saber, el darte cuenta, el ser consciente que te vas a morir

AD – Esa es una visión bastante Zen…

JM – Puede ser… Hay que vivir pensando que nos vamos a morir, pero tampoco hay que estar dando el coñazo… Por otro lado, si te obsesionas con la muerte te puede entrar una depresión o caer enfermo… ( sonrisa socarrona ). Yo por ejemplo, tengo una cierta prevención a la muerte. A mí no me gustaría morirme. Esa sensación de desaparición, no volver a ver a los amigos, a la familia… Aunque también sé que hay gente que le da lo mismo… De todos modos, no es que este todo el día pensando en la muerte pero si que la tengo presente…

AD – Hablemos un poco de cine… Uno de tus últimos trabajos fue la película “Noviembre” que dirigió Achero Mañas. La vida como el teatro, el teatro como la vida. Me llamo mucho la atención el planteamiento con ese mismo personaje que hacen por un lado los actores jóvenes que viven los hechos, como Oscar Jaenada, Ingrid Rubio, Juan Díaz, etc. y por otro los actores veteranos que son los mismos personajes pero dando la versión de lo ocurrido unos años después. Entre estos veteranos están gente como Amparo Baro, Juan Diego, tú mismo… ¿Cómo vivisteis esa confrontación de veteranos y jóvenes…?

JM – Interesante. El trasfondo era lo que nosotros hacíamos, pero creo que no está bien reflejado del todo lo que hacen los protagonistas… Lo que plantean en la película, es un poco irreal en el sentido de que en lo que nosotros hacíamos no había tantos medios, no se podían hacer tanto montaje. Había que salir corriendo, porque la policía te detenía y no se podían hacer esos grandes montajes. Creo que esa película está un poco “recreada”. En los “Happenigs” que nosotros hacíamos en el metro, por ejemplo, siempre teníamos que salir corriendo… Montábamos una historia con un personaje en un bar en el que lanzábamos un manifiesto y nosotros (el resto del grupo) íbamos de apoyo, haciendo de clientes anónimos de ese bar. En el manifiesto decíamos con grandes voces -“Atención, el teatro ha muerto”- Entonces el camarero lo quería echar y nosotros le decíamos -“no, hombre, no. Déjele seguir que esto es muy interesante. Que se exprese…” Esto era en tiempos de Franco, imagínate. Pero no, no teníamos muchos medios ( mirada de nostalgia ).

AD – Pero vosotros, igual que en la película, hacíais lo mismo…

JM – Si, si, claro. El espíritu era el mismo… Lo que pasa es que teníamos menos medios que en la película. Teníamos amigos que hacían un Happening en la puerta del Museo del Prado. Vi al director de ese “happening” y le pregunto -“¿Qué tal ha ido la obra” - y me contesto “ -¡Un éxito! ¡Cinco horas en comisaría! -. Al cabo del tiempo, volví a encontrar a los amigos que hacían lo del “manifiesto” y les pregunté qué tal iba el asunto…- “Mal, muy mal… Lo hago con el argentino y está muy gordo. Lleva un acordeón que pesa 28 kilos y claro, lo cogen siempre…” ( risas )

AD – Ves continuidad en el trabajo de la gente joven con relación a lo hacíais vosotros hace unos años?

JM – Si, sin duda. Sigue el espíritu en todo lo alto. Lo que ocurre es que hay tanto. En Madrid podía haber 5 o 6 grupos, Goliardos, Tábano, Tei… Y ahora mismo pueden haber fácil 200 grupos.

AD – Para terminar, ¿Qué te parece la situación actual con el tema de la independencia de Catalunya?

JM – Estando a favor de que se pueda hacer un referéndum en unas condiciones determinadas, me parece una locura que se pueda ganar con un 51% una cosa de esta importancia… Con las propias leyes catalanas y sus reglamentos, que para cambiar el Estatud necesitan tres cuartas partes, que quieran hacerlo así, me parece un absurdo total, no tiene sentido… La gente de izquierdas, en muchos casos, quieren ser “lo mas”, pero… Si a eso le sumas el desastre de gobierno a nivel nacional… Esa consulta habría que hacerla bien hecha, de una manera garantizada, sin trampas, con debate, hacerla bien, y habría que llegar a un acuerdo de un tanto por ciento mínimo para sacarla adelante… Me parece que lo están haciendo fatal; los partidos nacionales y los catalanes… Creo que no es el momento porque además todo esto puede ser muy peligroso y puede desembocar en no se sabe dónde… ( con cara de auténtica preocupación ) Recuerdo los grupos de teatro que había en Yugoslavia. Eran los más modernos de Europa y de la noche a la mañana se armó la que se armó… Aquí me parece que hay mucha gente que está deseando que pase algo para poder armarla… Hay que tener mucho cuidado y no hacerlo “a las bravas” que es como se está haciendo. Para mí, está claro que si hubiera una gran mayoría que lo quisiera, habría que hacerlo, pero así… El mayor agente del nacionalismo es Mariano Rajoy y por otro lado, Mas y Pujol resulta que ahora son independentistas… ( risa sarcástica )

Damos por terminado nuestra charla-desayuno y Juan que sigue siendo muy generoso, no me deja pagar. Batalla habitual entre madrileños y más si son amigos – Quita, - que estas en mi barrio…- Eso basta para que desista en mis intentos de pagar. Ya en la puerta y después del abrazo de despedida, todavía me cuenta su última visita a un teatro…

JM - Por cierto, el otro día estuve en el teatro, una obra de Fermín Cabal, “Tejas verdes”. En la sala “Nueve Norte”, en Noviciado. No solamente la obra, la dirección, la interpretación… Es fantástica… Vete a verla ¿eh…?.

AD – Si tú me la recomiendas, no dejaré de ir…

JM - Oye, que voy “pa” La Latina , si quieres te acerco…

AD - No, deja, que voy “pal otro lao…”

Y me voy calle abajo en busca del castizo metro pensando una vez más “Que grande es Juan Margallo y cuanto sabe de teatro y de la Vida …”