Sinestesia sin anestesia: Gorka Benítez/ Xesco Mercé

Il·lustracions: Jaime Burton; fotografies: X.M. i Xavi Creus


Coincidimos en El Foro, un restaurante de buena carne argentina y otras delicias gastronómicas que es, a su vez, una cava de jazz, como las de antes. Además está justo a la vuelta de la esquina de donde yo viví la mayor parte de mis años de estudiante, en el ahora irreconocible e irrecuperable Born. El local lo codirige un viejo amigo, Xavi Creus. Seguramente han sido él y el destino quienes hicieron coincidir la fecha de inauguración de la exposición que yo presento ahí (“Borntubialaif”) con el ciclo de conciertos Bcn Gin Jazz Foro, que él abrió, en formato trío (con Dani Pérez a la guitarra y David Xirgú a la batería). Ese día le conocí. Escuchamos el concierto boquiabiertos con los amigos que vinieron al vernissage, algunos reconocidos amantes e intérpretes (algo más que amateurs) de esa maravillosa música, además de contar con la visita inesperada de grandes colegas artistas recién llegados de Lyon.

Volví, por supuesto, con mi hijo y unos amigos suyos, a la par que alumnos míos, con los que he tocado varias veces durante los últimos años. Un guitarra y un saxo que apuraron hasta la última gota del segundo concierto, mucho más experimental e hipnótico, en formato dúo con el gran, grandísimo Xirgu. Repetí otro día solo, aprovechando que vine al barrio para entrevistar a Koichi. Tocaba con toda la banda, con el trompetista Juan de Diego, en quinteto (Pere Loewe, Caspar T Charles, Carlos Falanga, Joan Monné). Hoy he reincidido, again. Hemos coincidido en la terraza, dónde él suele aparecer, con su poderosa estampa, para fumar un poquito. Le propongo el tema de la sinestesia, de la cual ya había prevenido a inefable Xavi, quien, como era de esperar, no le ha dicho nada a Gorka. Acepta enseguida. Nos sentamos bajo los parasoles superfluos a esa hora y lo que tenía que ser un juego melódico-cromático se convierte en una conversación en toda regla (interrumpida, como recoge la grabación con el móvil, por colegas que van pasando y saludan, por músicos que van llegando y preguntan y por Xavi, siempre divertido y querido), la cual tendrá que concluir para que el espectáculo comience.

Gorka no debería necesitar presentación, pero bueno. De Bilbao, como no. Del 66. Estudia en el Conservatorio de allí, después en el de Badalona (en el 89), después en el Taller de Músics y, gracias a una beca de la Diputación de Bizkaia, en el Harbor Performing Arts Center i la Mannes School of Music de Nueva York. Ha recibido un montón de premios, individuales y grupales: mejor disco , mejor saxo tenor mejor grupo ... La lista de la gente con los que ha tocado, de aquí y de todas partes, es interminable: De Diego y Xirgu, por descontado, Emilio Solla, David Mengual, Carme Canela, Miguel Blanco, Chano Domínguez, Jerry González, Ethan Winoground, Phil Woods, Randy Brecker, Arthur Kell, Ethan Winogrand, Ben Monder o sus queridos Guillermo Klein y los guachos. Ha hecho numerosísimas incursiones en otros estilos musicales, como lo corroboran sus trabajos con Aikiko Pavolka, Chicuelo, Paco Ibañez, Omara Portuondo, Martirio o Pascal Comelade. Es, a mi modesto entender, el más grande saxofonista actual de aquí y de buena parte del extranjero. Y si no me creéis, escuchadlo.

Hemos hablado de lo divino y de lo humano, de los últimos conciertos a los que hemos asistido, el de Sonny, el de Shorter. Sobre el primero, que hizo un inconmensurable concierto de celebración de su 80 aniversario en el Auditori, dice: -Piensa que estamos hablando de uno de los auténticos pilares de esta música.¿Eh?-. Sobre Wayne: - Es lo más bestia que puedes escuchar, ha abarcado muchas épocas, todo lo que ha hecho es buenísimo, el concepto que tiene ahora es la hóstia-, El día que le fui a ver, con mi amigo Ramon Roig, el saxofonista no estaba demasiado fino. Por sueerte, el jazz es un tema de equipo y con monstruos como Danilo Pérez, Patittucci o Blade uno va siemprer bien arropado.

Recordamos también las casualidades (el Jazz y la vida, ya lo enseñaron los Surrealistas, deben mucho al azar), como, por ejemplo alumnos que han sido suyos y míos, como el saxofonista Sergi Felipe (que es realmente quien me hizo conocer la música de Gorka). También de amigos comunes. Le comento que en La XinaA.R .T. montamos siempre el festival La Xina Sona. Acabamos de disfrutar de un concierto de lujo: Albert Martínez (sopranino), Liba Villavechia (tenor) y el Pricto (alto). Tres grandes de la música contemporanea creativa. Y seguimos charlando de mucho más, pero hay que ir al grano. Ahora os paso algunos cortes de sonido, transcribiendo sus respuestas, para que os podáis hacer una idea de lo tratado y de la atmósfera del momento:

-El jazz lo he aprendido de forma totalmente autodidacta. Con Víctor de Diego tomé algunas clases, pero lo que yo tenía era un grupo de pop. Lo que sonaba por aquel entonces era, Kortatu, Hertzainak, Itoiz, el rock radical vasco. Nosotros hacíamos un pop lleno de mezclas donde cabía absolutamente todo, ese era nuestro contacto con la música moderna, el jazz era una cosa mucho más intangible.

-En Bilbao y en Euzkadi en esa época estamos hablando de Siberia. Los festivales grandes no tienen nada que ver con la realidad. A parte de Pedro Iturralde, había grandes figuras ahí, que no las conoce nadie, ahí había unos aparatos… José Urrejola, Fran Rubio, Javier Colina, Johnny Control ( ¿? )…gente con un talento de la ostia, lo que pasa es que no hicieron jazz exactamente, se fueron por otros lados,

-Tienes que conocer a Guillermo Klein y los Guachos. Hace una música muy personal, tienes que escucharle. Es un argentino. Aunque nono coincidimos estrictamente, puedo decir que nos conocimos ahí. Para mí es una de las voces contemporáneas más fuertes que hay, en cuanto a Jazz y música creativa. Los Guachos es un grupo de 10 o 12 que Ben Monder, Miguel Zenón, Jeff Ballard, Fernando Huergo, Diego Urcola. Es decir, la crême de la crême de Nueva York. Tuve la gran suerte de formar parte de ese proyecto en su gira por el estado español y grabamos un disco en directo en “Luz de gas”.

-Me gusta tocar con Omara (Ortuondo), Con Paco Ibáñez sigo tocando también, con los Muguruza (Javier, el del acordeón y Fermin). El tema de la canción es una cosa que me gusta mucho, por mis orígenes, por mi paso por el pop rock y todo esto, es algo que me persigue y me perseguirá siempre. Un poco de ahí viene el discurso que hago abajo en el escenario, cuando hablo de la música mexicana y su relación con los vascos. Algún día se descubrirá el porqué de toda esa familiaridad.

-Javier Muguruza me dijo una vez algo con lo que yo estoy muy de acuerdo: Tus influencias, cuando hablamos verdaderamente de de influencias, es lo que tu has mamao , lo que tienes mamao desde pequeño y casi sin querer, va con la situación, con lo que has crecido. Todo lo demás son gente a la cual tu admiras, descubres o quieres como tocan, lo cual es diferente. Yo me crié con el folklore vasco, con la canción, tanto en euskera como en castellano. Esas son las influencias de verdad. En Jazz todos nos hemos escuchado a todos, tienes el deber de escuchar a todos, para aprender tienes que pasar por todo y por todos. Cada uno tiene su voz, su semilla, sus maneras, eso es la historia de esta música.

-Es difícil hacer recomendaciones, me gusta y me interesa mucha gente. Te voy a decir, por ejemplo a Pintxo (Miguel Villar), También a Juan Pablo Balcázar. A Enrique Oliver, otro que tal, Víctor de Diego, hermano de Juan.

-Encontrar la propia voz cuesta más de una vida y solo tenemos una. Tener tu propio sonido. Un sonido reconocible es una cosa que siempre persigo. Cuido mucho eso, trabajo mucho eso, para mí es algo muy importante.

Empezamos con lo de los colores (que se enumera e ilustra mas adelante), Tiene que decir, a bote pronto, que color le recuerda la tonalidad, la voz de toda una serie de saxofonistas que le iré diciendo. Realmente continuaremos este juego en cuatro o cinco intercambios sucesivos de whatsapp , porque siempre se nos olvida alguno. –Bueno si hay que ponernos serios, tampoco pueden faltar tal y tal.- escribirá, días después de esto. Al terminar le pregunto por el cromatismo de sus dos colegas de escenario más habituales en este momento. Juan de Diego (trompeta): -Azul oscuro-. Y David Xirgu (batería): -Ufff, David es toda la paleta de colores, toda. Su padre era pintor.- Y su abuela era, nada más y nada menos que la actriz Margarita Xirgu. –Eso lo puedes enlazar con lo del teatro, ¿no?.- Pero ya es hora de comenzar. El Jazz necesita, más que ninguna otra música, como el teatro del feedback del público. Le digo que ya tengo ganas de oír de nuevo “Sal al agua” que toca con flauta y dedica siempre ala gente que se parte el alma y arriesga la vida, saliendo de su país para buscarse una vida mejor. Me dice que todavía no la tiene publicada, queda pendiente para la próxima grabación. Voy bajando las escaleras silbándola, muy, muy flojito. Saboreándola, a modo de aperitivo de lo que viene ahora.

 

Sinestesia sin anestesia: los colores del saxo