Epístola al Sr. Ministro / Benxamín Álvarez
Il·lustracions de Marc Vilallonga
ccc

 

Querido Sr. Ignacio Wert:

En estos últimos tiempos he tenido bastantes veces la tentación de escribirle. En todas las ocasiones, me arrepentí antes de comenzar y pensé que no merecía la pena, que no encontraría ni la forma apropiada ni el tono adecuado para expresar lo que pienso de usted como ministro. No sé si esta vez conseguiré decirle algo pero siento un irrefrenable deseo de intentarlo antes de olvidarme definitivamente de su persona.

Imagino que se desatornillará de risa si alcanza a leer esto. Como podrá imaginarse, su eminente intelecto, su puesto de máxima responsabilidad y la institución a la que pertenece no suscitan en mí demasiado aprecio. No se preocupe, intentaré ser lo más correcto posible y no insultarlo, aunque si le soy sincero, el cuerpo me pide soltarle cuatro improperios (creo que se lo ha merecido en todos estos meses de gestión ineficiente).

Sí, a usted tengo ganas de decirle mi verdad, le diría más, casi siento vergüenza de tener pasaporte de un país que le tiene como titular de educación y cultura. Mire, a veces, tengo la sensación de que lo colocaron ahí para sabotear a la educación, a la cultura y a la convivencia. Imagino que no se lo han dicho nunca en público pero “algú ho había de dir…”. No consigo entender su locuacidad (de la que usted mismo parece sorprenderse), sus declaraciones parecen propias de un aguafiestas profesional, insolentes y sectarias, y sus criterios discutibles. ¿Qué decir de su interés en españolizar a los niños catalanes, de su idea de ayudar a los bancos antes que a los estudiantes , de sus opiniones de las enseñanzas artísticas y musicales, de lo positivo que le parece “ la fuga de cerebros” y de jóvenes formados???... O es usted un cínico o tiene una estrechez de miras considerable.

Mire, la cultura y la educación con la que yo y mucha otra gente soñábamos, es algo que ya me parece irrealizable porque creo que a ustedes (la mayoría de los políticos), la educación y la cultura de los ciudadanos les interesa más bien poco. Cualquier persona con un mínimo de racionalidad sabe que es necesario invertir en educación, cultura, investigación e innovación para poner las bases de un crecimiento sostenible. ¿Qué están haciendo ustedes?... Lo contrario: desmantelar y recortar. Eso sí, imponen el 21% del IVA al cine, al teatro, a los museos y al material escolar, y el 8% al fútbol. Ya les vale… ¡Dejen de ocultar y a manipular la verdad!

Concluyo recomendándole una película (ya sé que para usted y sus colegas eso del cine es un simple entretenimiento) que no se pasa ni se pasará en ninguna sala de cine porque se trata de la realidad misma. A mí me ha dejado perplejo… Esa película no tiene título y está repleta de esos mensajes crípticos del cine de Berlanga y Azcona pero sin pizca de risa, mensajes que sólo una audiencia inteligente y versada en sociología es capaz de leer bien. Narra los excesos del poder, muestra a instituciones políticas y culturales que funcionan como una mafia bufa que despilfarra cientos y miles de millones de euros en “ciudades de la cultura” vacías y sin contenido, en estatuas mastodónticas de aeropuertos sin tránsito. Nos presenta a políticos que cesan a directores competentes para colocar a sus amigos, nos muestra “palaus de la música” (sustentados con presupuestos públicos) sableados para financiar bodas, prohombres y partidos políticos y nos enseña museos con “directores-esposa de consejero” cuyas adquisiciones vulneran cualquier código de buenas prácticas. En definitiva como ya sabe, hombres listos, públicos y privados, más o menos incompetentes acostumbrados a moverse en un mar de corrupción institucionalizada e inmunes a la aplicación de cualquier justicia.

Mientras, en contra-plano, aparecen ciudadanos comunes pasando dificultades, escuelas masificadas con niños sin recursos para acceder al comedor, investigadores que cogen el avión para irse a otro sitio, instituciones culturales con directores y con personal en nómina pero sin presupuesto para su funcionamiento, artistas, actores y demás personal sin curro porque no se puede producir nada… Pero no es eso lo que me importa de esta película; al verla uno comprende esa irracionalidad delirante y demencial de una casta de elegidos que afilan las calculadoras para justificarse, exprimir y sablear más. Saben que sus números, con los que nos pretenden manipular, son también una ficción. ¡Así nos han conducido a ese precipicio donde estamos!, toda una depravación que toleramos sin escandalizarnos, ¿sabe por qué?... Porque no es visible, no se controla ni se investiga. No se ve en las televisiones, esos entes donde la cultura y la educación son desdeñadas.

No debe perdérsela, recomiéndela a sus colegas. Quizás les resulte una película molesta por que alguno se puede ver reflejado en este enorme engaño. Insisto, se puede aprender mucho de ella si uno quiere ver las cosas como son y no como se las narran a la ciudadanía algunos hombres públicos.